
Todos somos iguales. No, perdone, todos somos absolutamente distintos. Estos ideales propios de partidarios de la igualdad no se dan cuenta de que somos diferentes, morfológica y genéticamente. Pues esta distinción tan notable es promotora de una de las más importantes áreas de medicina que está por llegar. La medicina genética.
Ya he dicho que todos y cada uno de los seres que habitan el planeta Tierra posee una diferenciación genética, por muy mínima que sea, con respecto al resto. Esto quiere decir que tú tienes expresiones fenotípicas, reflejos del genoma, distintas a las que tengo yo. Bien, esto que parece tan simple es la base de la medicina genética.
Que cada vez seamos más complejos en todos los sentidos es un problema, me explico, conseguir una mayor complejidad puede ser eficiente en términos cognitivos y esta capacidad mental amplíe el resto de ramas hoy productivas en el ser humano. Pero la dificultad a nivel genético, fisiológico y relación química entre elementos constitutivos biológicos aumenta y con ellos, la particularidad de cada ser. Al fin y al cabo, es el objetivo de la selección natural evolutiva.
Es esta complejidad individual la que hace exclusivos los términos genéticos. La medicina afecta a nivel general pero a muchas entidades no interviene de igual manera que al resto. Esto implica una meta para la medicina, poder llegar a curar en función a la persona. Ahí es donde entra esta modalidad. La secuencia genética o genoma hoy en día está al alcance de cualquiera, a efectos de gastos grandes (como todo en esta vida). Esta secuencia es el trampolín para generar un medicamento específico para cada individuo. Una vez secuenciado el genoma es trabajo del médico (biólogo) elaborar curas que sean afines a los genes del paciente. Es decir, la cura mundial depende, otra vez, de mis amigos los genes.
No obstante, a pesar de crear ramas muy eficientes para la medicina, son reflejo de un aumento en enfermedades en base a la contaminación. En mi ignorante opinión, la contaminación, no solo atmosférica, en todos sus sentidos, es el principal consiguiente de la producción de enfermedades. Pero es algo que no tiene marcha atrás, la complejidad evolutiva nos afecta a todos. No solo el ser humano cambia.




